Proteína en polvo: cuándo sirve y cuándo no
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No la necesitas si ya llegas a tu meta de proteína con comida. El polvo es solo una forma práctica de sumarla.
Si ya comes proteína todos los días
Revisa tu día antes de comprar nada. Pollo, pescado, huevo, yogur, lentejas o frijoles en cada comida suelen cubrir buena parte de lo que necesitas. Por ejemplo, 100 g de pechuga de pollo a la plancha sin piel aportan 159 kcal y 32 g de proteína (datos de la tabla TACO). Si con eso y tus comidas normales llegas a tu meta, el polvo no te agrega nada.
Si te cuesta llegar a tu meta
Aquí sí puede ayudarte. Imagina que desayunas y comes poco, y al final del día te faltan 30 g de proteína. En lugar de forzar la cena, un vaso de leche o yogur con una cucharada de polvo puede cerrar esa diferencia.
Antes de comprar un suplemento, mira lo que ya tienes en la despensa. La leche descremada en polvo tiene 362 kcal y 34,7 g de proteína por cada 100 g (tabla TACO). Si pesas 30 g, obtienes unas 109 kcal y 10,4 g de proteína. Es una opción sencilla y no cambia mucho tu receta.
Si entrenas fuerza o te quedas con hambre
Puede servir como una ayuda más, siempre dentro de tu reparto diario. La proteína suele dar más saciedad que los otros macros, así que un alimento proteico en la comida puede facilitarte el día. La base sigue siendo la comida.
Qué revisar en la etiqueta
Los productos varían, así que compara con cuidado:
- Porción: revisa cuántos gramos trae una porción y usa la misma base para comparar (por 100 g o por porción).
- Proteína por porción: mira los gramos reales, no solo el porcentaje.
- Calorías: suma las del polvo a las de tu día. El batido también cuenta.
- Azúcar y saborizantes: algunos productos añaden azúcar que sube las calorías sin que lo notes.
Cuánta proteína te conviene depende de tu peso, tu actividad y tus calorías totales. En la calculadora de macros obtienes tu cifra diaria. Si quieres ver también tus calorías, la calculadora de calorías te da el punto de partida.
Cuándo consultar a un profesional
Si tienes diabetes, problemas de riñón, estás embarazada o dando pecho, o tomas algún medicamento, habla con tu médico o con un nutriólogo antes de usar un suplemento. Lo mismo aplica si eres menor de edad.
Información general, no consejo médico. Si estás embarazada o dando pecho, eres menor de edad, tienes o tuviste un trastorno alimentario, o tienes una condición de salud, habla con un profesional antes de cambiar lo que comes.